Cuando uno es joven, una de las grandes pasiones, especialmente para los varones y también para algunas mujeres, es jugar al fútbol. Muchos dedican una parte significativa de su vida a este deporte, soñando con llegar a ser profesionales algún día. Aunque este sueño no siempre se convierte en realidad, a lo largo del tiempo he aprendido una valiosa lección observando a jóvenes y niños en los equipos: la diferencia entre aquellos que llegan a la élite y aquellos que no lo hacen radica en varios factores, uno de los más importantes es la vocación.

La Pasión y la Vocación

Algo que caracteriza a los deportistas que alcanzan el nivel profesional es que no solo les apasiona el fútbol, sino que creen profundamente que «es lo suyo». Sienten que han recibido un don especial para ello y, tomándoselo muy en serio, deciden dedicar su vida plenamente a esta pasión. Para muchos otros, el fútbol es un lugar especial para desarrollarse, disfrutar, aprender y competir, pero no creen profundamente que su destino sea entregarse completamente a ello. No todos tenemos la misma vocación, y eso está bien.

El Pararelo con la Fe

Alrededor de Jesús, hubo muchos discípulos, pero solo unos pocos fueron apóstoles. Muchos se acercaron a Jesús para escucharle, aprender y seguirle, pero solo unos pocos fueron elegidos y enviados por él para anunciar el Evangelio. No todos tenían la misma misión, aunque todos vibraban con sus enseñanzas. Esto nos muestra que en la vida, así como en el deporte, la vocación es diversa y cada uno tiene un llamado diferente.

No es mejor el que da más, sino el que reconoce cuál es su vocación y responde a ella. Algunos son llamados para ser discípulos, otros para ser apóstoles. Algunos se sentirán más identificados acompañando, mientras que otros necesitarán estar en la primera línea de batalla. No hay una vocación mejor que otra. Lo importante es saber cuál es tu vocación y tener el coraje de aceptarla.

La Enseñanza del Fútbol y la Fe

El fútbol, al igual que la vida de fe, nos enseña importantes valores: la perseverancia, la disciplina, el trabajo en equipo, y también el autoconocimiento. Aquellos que llegan a ser profesionales en el fútbol lo hacen porque han reconocido su don y han trabajado incansablemente para desarrollarlo. De manera similar, en la vida espiritual, somos llamados a reconocer nuestros dones y a responder al llamado de Dios de la manera que mejor podamos.

Carlo Acutis y sus amigos en la cancha

La vocación no es solo una cuestión de talento o habilidad; es una cuestión de corazón y de propósito. Es entender que cada uno tiene un papel único y especial que desempeñar en el gran juego de la vida. Ya sea en el fútbol, en la fe, o en cualquier otra área de la vida, reconocer y aceptar nuestra vocación nos permite vivir con autenticidad y plenitud.

Así que, mientras algunos jóvenes pueden encontrar su vocación en el fútbol profesional, otros la encontrarán en diferentes campos y, lo más importante, en diferentes formas de servicio y amor. En última instancia, la verdadera victoria radica en vivir nuestra vocación con pasión y dedicación, sabiendo que cada uno de nosotros tiene un papel único en el plan divino.