En la vida, enfrentamos una variedad de emociones que pueden desafiarnos de muchas maneras. Tristeza, furia, miedo, ansiedad, vergüenza, aburrimiento, envidia, desagrado y alegría son solo algunas de las emociones que todos experimentamos en distintos momentos. Sin embargo, hay una manera de manejar estas emociones de manera saludable y vivir una vida plena: dejando que Dios tome el control de nuestra mente, emociones, sentimientos, acciones y vida. Al hacerlo, realmente podemos vivir intensamente.

Nuevas Emociones, Nuevas Aventuras

En «Intensamente 2», Riley está entrando en la adolescencia, una etapa llena de cambios y emociones intensas. A medida que enfrenta nuevos desafíos en la escuela y en su vida personal, sus emociones deben adaptarse y aprender a trabajar juntas de maneras nuevas y complejas.

Conociendo Nuevas Emociones

En esta secuela, se introducen nuevas emociones que reflejan las experiencias más complejas de la adolescencia. Algunas de estas nuevas emociones incluyen:

  • Vergüenza: Una emoción que Riley empieza a sentir más a menudo a medida que se vuelve más consciente de sí misma y de la opinión de los demás.
  • Ennui (Aburrimiento): Un sentimiento de apatía y falta de interés que a veces acompaña los cambios hormonales y el crecimiento personal.
  • Envidia: Una emoción que surge en la competencia social y la comparación con los demás
  • ¿Y si dejamos que Dios tome el control de nuestras emociones?

1. Tristeza

La tristeza es una emoción que todos enfrentamos en algún momento. En esos momentos de dolor, es reconfortante recordar que no estamos solos. El Salmo 34:18 nos asegura:

«El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado.»

Cuando entregamos nuestra tristeza a Dios, encontramos consuelo y esperanza en su cercanía y en su capacidad de sanar nuestros corazones rotos.

2. Furia

La furia puede ser destructiva si no se maneja adecuadamente. La Biblia nos aconseja en Salmo 37:8:

«¡Ya no sigas enojado! ¡Deja a un lado tu ira! No pierdas los estribos, que eso únicamente causa daño.»

Al permitir que Dios controle nuestra ira, podemos evitar las consecuencias dañinas de la furia descontrolada y vivir en paz.

3. Miedo

El miedo puede paralizarnos y evitar que vivamos plenamente. Sin embargo, 2 Timoteo 1:7 nos recuerda:

«Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.»

Confiando en Dios, podemos enfrentar nuestros miedos con valentía y fe, sabiendo que Él nos ha equipado con poder y amor.

4. Ansiedad

La ansiedad puede robarnos la paz y el gozo. Filipenses 4:6 nos da una poderosa instrucción:

«No se preocupen por nada, en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.»

Al entregar nuestras preocupaciones a Dios a través de la oración, podemos experimentar su paz y provisión.

5. Vergüenza

La vergüenza puede hacernos sentir indignos y aislados. Sin embargo, Romanos 10:11 nos asegura:

«Todo el que confíe en él jamás será avergonzado.»

Confiando en Dios, podemos superar la vergüenza y vivir con dignidad y confianza.

6. Aburrimiento (Ennui)

El aburrimiento puede llevarnos a la pereza y a una vida sin propósito. Proverbios 19:15 advierte:

«Los perezosos duermen profundamente pero su descanso los deja con hambre.»

Permitiendo que Dios guíe nuestras acciones, podemos encontrar propósito y evitar la trampa de la pereza.

7. Envidia

La envidia puede crear conflictos y resentimiento. Gálatas 5:26 nos dice:

«No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia los unos a los otros.»

Al dejar que Dios controle nuestros corazones, podemos vivir en contentamiento y armonía con los demás.

8. Desagrado

El desagrado exagerado puede llevar a las personas a padecer ciertos trastornos. Proverbios 24, 17-34 nos dice:

«No te alegres cuando caiga tu enemigo; que no se alegre tu corazón cuando él tropiece, no sea que el Señor lo vea, y le desagrade, y deponga su enojo contra él..»

9. Alegría

Finalmente, la alegría es una emoción que todos deseamos experimentar. Santiago 1:2-3 nos alienta:

«Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se le pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse.»

Dejar que Dios tome el control de nuestra mente, emociones, sentimientos, acciones y vida nos permite enfrentar las diversas emociones con sabiduría y gracia. Al hacerlo, podemos vivir verdaderamente intensamente, experimentando la plenitud de la vida que Dios nos ha prometido.

Al confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en las pruebas, podemos encontrar una alegría profunda y duradera.