La clave no está en andar corriendo todo el día, sino en descubrir el movimiento justo que hay que hacer. No siempre llega primero la liebre por veloz, a veces la tortuga, lenta y tranquila, vas más lejos. La vida agitada del mundo actual tiende a robarnos la esencia y el valor de las cosas pequeñas. Ya lo dijo muy bien Saint Exuspéry: «Lo esencial es invisible a los ojos»». Yo le agregaría: «Lo esencial solo se disfruta en la lentitud.»

Ser amable

Cuando empezamos a observar, a ser atentos frente a los demás, nos damos cuenta que podemos hacer muchas cosas por ellas, incluso sin hacer gran esfuerzo. A veces un buen saludo, un pequeño detalle puede sanar un corazón.

Dice la Biblia que un señor llamado Abraham estaba sentado, haciendo una pausa, y justo allí vio llegar a unas personas, las recibió con amabilidad y al final resultaron ser nada más y nada menos que tres Ángeles. Así también lo hicieron dos hermanas llamadas Martha y María, hospedaron a un tipo fuera de serie: a Jesús de Nazareth.

LA AMABILIDAD ES LA PAUSA QUE HACEMOS PARA DECIR-NO SOLO EXISTO YO, VALORO TAMBIÉN QUE EXISTAS TÚ.

Ser amable no es solo un favor que hacemos a los demás, es también una actitud inteligente que sembramos en nuestro interior. Es la inteligencia puesta al servicio del corazón. Yo soy amable contigo no solo porque me caes bien, sino porque en mi corazón hay amor sanante y doy lo que tengo. Uno saca de su interior solo aquello que tiene. Es por eso que podemos ser amables incluso con quienes nos caen mal, eso habla de la madurez que uno tiene y manifiesta que lleva el control sobre sus acciones.

La amabilidad no se improvisa, algunos nacen con este don de lo alto, otros la vamos cultivando. La persona amable es así porque sabe que todo suma en la vida. Nada sucede por azar, da sentido a sus enojos y acepta sus propios errores sin buscar culpar al otro. Y a lo largo de su vida va llenando su interior de riqueza espiritual.

A la larga todo suma,

suman las horas de lecturas,

los trotes, las dietas,

las buenas amistades,

el esfuerzo, el sudor.

A larga todo resta,

bebidas en exceso,

fumar, descuidarse,

no hacer ejercicios,

comer mal y apurado.

descuidar el amor.

Tu comida es tu medicina,

tu belleza es tu cultura,

tu lectura y tu estudio

te diferencian del resto.

Nadie que apuesta por la vida

quedará con las manos vacías

Optar por las virtudes

A la larga sale muy económico,

los vicios te roban

la felicidad.

Apostar por la amabilidad

prepara el corazón para que te amen.

Ejemplos de amabilidad que todos podemos practicar:

  1. Saludar a los vecinos con cortesía.
  2. No juzgar al otro con dureza.
  3. Dar las gracias cuando se recibe un obsequio.
  4. Valorar la ayuda que el otro nos hace.
  5. Valorar el trabajo de los demás.
  6. Llamar a los abuelos o padres para saber cómo están y si necesitan algo.
  7. Ofrecer ayuda a un familiar que tiene problemas personales.
  8. Guardar secretos.
  9. No difamar a nadie.
  10. Tener paciencia con los niños y ancianos.
  11. Evitar palabras hirientes.
  12. Felicitar a los amigos cuando logran algo importante.
  13. Ayudar en la casa con las tareas domésticas.
  14. Donar ropa o comida a alguien necesitado.
  15. Escuchar con atención a un familiar que atraviesa una situación dolorosa.
  16. Decir “gracias”, “permiso” y “por favor” cuando sea necesario.
  17. Ser puntual para no hacer esperar al otro.
  18. No ser pesado en el trato.
  19. Arrojar siempre la basura en recipientes destinados para ese fin.

Cuando aprendemos a ser amables estamos preparando nuestro corazón como Abrahán, María y Martha y tarde o temprano sin darnos cuenta estaremos hospedando al mismo Maestro en nuestros corazones. Todo empieza en los pequeños gestos.