Has visto esta serie?

La elección del título Breaking Bad puede darnos alguna pista sobre lo que ocurre en la serie. El término “breaking bad” es utilizado de manera coloquial que, en cierta medida, anuncia que algo o alguien se va a “volver malo” o que se va a “corromper”.

Tal como ocurre en la serie, todo está en continua transformación, presenta giros inesperados y sigue el camino de la “descomposición”. Pero, el título no es más que la “fachada” de una ficción más compleja de lo que parece.

Hace poco, en una entrevista concedida al periódico The Guardian (que calificó a su personaje como “probablemente el más oscuro y moralmente ambiguo protagonista en la historia de la televisión”) Bryan Cranston, protagonista de Breaking Bad manifestó que en todos y cada uno de nosotros hay un Walter White, y podría tener la razón. Ni siquiera podemos sospechar qué clase de personalidad oculta por capas y capas de resentimiento, envidia y frustración habita en nuestro subconsciente esperando el momento de ser liberada. Y de vez en tanto, saltan en las noticias hechos que conmocionan a la sociedad.

Invitaremos al Sr. White para sacarnos algunas dudas. Le haremos 7 preguntas ¿Te animas a acompañarme en la entrevista? Es que también como tú, le tengo un poco de miedo a este tipo que fue capaz de envenar hasta a un inocente niño para cuidar sus intereses.

1 ¿Señor White, Por qué decidió cambiar su vida?

Está claro, y se puede comprender en una medida razonable, que recibir una noticia tan tremenda cambie mi modo de pensar, alteró mis esquemas mentales preconcebidos y sus prioridades. Perdí poco a poco mis temores, todos esos complejos con los que cargaba desde que decidí convertirme en profesor de instituto. De a poco me fui volviendo más decidido y hasta temerario. Es quizás una de las mayores paradojas de mi vida, pero cuando sabes que vas a morir empiezas a vivir de verdad. Sin miedos. Sin cortapisas. Sin pensar en las consecuencias ni en el mañana. Live free or die. Simplemente haciendo lo que quieres cuando quieres. Como quemarle el Maserati a ese estúpido que te quita el lugar del estacionamiento delante de tus narices y baja del auto hablando por teléfono como si nada. Esto, no hace falta que lo diga, me trajo tantas satisfacciones como disgustos, sobre todo en lo personal, en mis relaciones familiares y especialmente con mi mujer, Skyler, pues tomar decisiones, y decisiones tan importantes que afectan a los que te rodean, a su integridad física y moral, sin consultarlas antes con ellos suele tener consecuencias desastrosas.

2 ¿En qué momento perdió sus últimos escrúpulos morales?

Pasé una evolución larga, pero el momento crítico, el punto de no retorno que me selló para siempre fue la decisión de dejar morir a Jane Margolis (Kristen Ritter) ahogada en sus propios vómitos tras una sobredosis de heroína. Fue una omisión plenamente consciente. Fue una decisión que asumí con dolor, se asomaron unas lágrimas. Jane se había convertido en un obstáculo, pues estaba predisponiendo a Jesse en mi contra y me estaba chantajeando. Jane no era un gángster como Tuco Salamanca o Gustavo Fring, era una persona normal y corriente, y dejarla morir, cuando podía haberla ayudado, me hizo traspasar de una vez para siempre el umbral de lo moralmente ético o correcto.

3 ¿Y su familia, no es una razón suficiente para encontrar un sentido?

Aquí entre nosotros y quiero que esto se mantenga en secreto ¿Me entendió? Al inicio pensé que lo hacía por el futuro de mis hijos, pero al final me dí cuenta que era por mí mismo, mi egoísmo, mi deseo de comandar. De ser el jefe. De ser el mejor de todos.

4 ¿Quién es Heisenberg?

Así entré de lleno en el peligroso terreno del relativismo moral. Soy un ser teleológico, un prófugo, un outsider, un fuera de la ley. Lo pagué con mi soledad, me alejó indefectiblemente de mi inicial propósito, que era cuidar a mi familia (es lógico pensar que si había renunciado a todo por mi familia, mi familia lo era todo para mí). Ya no tuve límites en mi ambición. Allí, Heisenberg, mi alter ego, que siempre había estado ahí, presionándome para salir, engulle lo poco que quedaba de Walter White en mí interior, ese timorato y abúlico profesor de Química que un día renunció a la compañía que había fundado junto con su ex novia Gretchen Schwartz y su mejor amigo Elliott (Gray Matter Technologies), compañía que luego les haría multimillonarios, mientras que a él su exiguo sueldo como funcionario público apenas le llegaba para dar de comer a su familia. Hoy ya no es ese hombre indeciso de ayer. Hoy soy Heisenberg. “Dí mi nombre, dí mi nombre”.

5 ¿Es Walter un hombre orgulloso?

Bastante. Por mucho tiempo tuve que aparentar ser humilde, pero por dentro siempre fui muy orgulloso. La certeza de saber que dejé escapar la oportunidad de ser rico y poderoso (al menos dentro de los círculos científicos) era una comezón que siempre me ha quemado por dentro, en lo más hondo, en mi orgullo, y si algo soy yo, es mi es orgullo. Durante mucho tiempo, sin ser del todo consciente, años y años llevé cultivando en mi fuero interno un fuerte resentimiento y una frustración por ejercer un trabajo vulgar muy por debajo de mi talento. Me sentí que nadie, ni siquiera mi familia (y menos que nadie, mi cuñado Hank, al que gusta mofarse de mi pusilanimidad al tiempo que se aprovecha para alardearme de su hombría), me valora en lo que valgo. No puedo vivir toda la vida siendo considerado un don nadie, con todo el talento que tengo.

6 ¿Encontró Walter lo que buscaba en su nueva vida?

El mercado de la droga me ofreció una segunda oportunidad para demostrar mi valía, y esta vez no la dejé escapar. Conseguí suficiente cantidad de dinero para proveer a mi familia cuando ya no estuviera con ella. Fue mi propósito inicial al enterarme de su enfermedad terminal (y cuando el doctor se lo comunica, él se queda absorto mirando una mancha de kétchup en su bata –el germen de la obsesión que ya empieza a aflorar al exterior–), Me fui convirtiendo poco a poco, a medida que mi moral se relajaba, en algo secundario, mientras fue creciendo la sensación de poder. Por fin había encontrado un trabajo, una actividad (ilegal y delictiva, sí, pero eso era lo de menos) en la que yo soy el mejor: cocinar meta (la meta azul, mi distintivo, mi marca de autor y, por último, mi gran amor: Baby Blue), y encontrando esta actividad me encontré a mí mismo. Mi Yo más profundo y siniestro.

7 ¿Cuál fue el dolor más duro para Walter White?

Lo gané todo, nadaba entre dolares, pero perdí a mis dos hijos y a mi esposa. Mi orgullo me condujo hasta sus últimas consecuencias. Hice lo que quería, pero fui el más egoísta de todos los hombres, destruí a toda mi familia. Mi nombre quedó en la historia, mis hijos vivirán con el recuerdo del hombre que mató al tio Hans y destruyó sus vidas.

Gracias, Señor White, por responder a nuestras preguntas. Es un gran placer poder entrevistarlo y conocer algo de los recovecos oscuros que habitan en su interior. Nos quedamos con sus palabras dichas en the Guardian: «Todos tenemos un Walter White adentro.» El desconcento de una persona puede ser mucho más grave de lo que aparenta. Con el tiempo, el rencor puede ir generando deseos violentos ocultos que cuando emergen son implacables.

Lo genial de la transformacióndeWalter es que se produce tanto en lo físico como en lo espiritual, en el interior y en el exterior. De hecho, ambos cambios están sincronizados. Desde el momento en que se afeita la cabeza ya es otro (y Junior es el primero en advertirlo cuando le dice divertido:“Papá, pareces un tío malote así con la cabeza rapada”). Y en verdad, Walter sin pelo parece otro. Ese detalle le cambia por completo la expresión, la fisonomía, lo que unido a las gafas metálicas y a las arrugas que le surcan la cara le confiere un semblante más duro y amenazador. A este cambio le sigue la perilla, que acentúa aún más su fiereza, y por último, el sombrero, que acaba por ser su tótem, su emblema. Y así es como el timorato Walter White acaba transformándose en el temido Heisenberg.

Cuando veía este film, rondaba en mí cabeza este versículo de la Biblia:

«De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Mc. 8, 36.

Por Aldo López