Es más cómodo pensar en un Dios que vive en medio de las nubes, dictando leyes y castigando pecados. Pero aun nos resulta algo difícil comprender el versículo que dice: «Dios se hizo hombre», se encarnó. Jesús no es una receta para llegar al cielo, sino que es un estilo sano de vida plena.

Hoy te presento unos puntos que creo que pueden ayudarnos para vivir la espiritualidad del Corpus Christi:

1. Comprender que somos cuerpo: no tenemos un cuerpo, sino que somo seres corpóreos. Esto nos ayuda a descubrir la presencia misteriosa de Dios en cada célula que se mueve en nuestro interior. Nuestro cuerpo, a su manera, alaba y adora al dador de la vida. El cuerpo se aferra a la VIDA.

2. Cuidar tu dimensión corpórea, no sólo tu aspecto físico: hablar del cuerpo es hablar mucho más allá que el mero aspecto exterior. Es ahondar en las profundidades de las capacidades humanas que no descansan de moverse buscando VIVIR. Por solo citar dos pequeñas acciones maravillosas: está allí la dopamina que nos inyecta placer y recompensa para sentirnos bien, regula nuestra emotividad. La serotonina que equilibra nuestros estados de ánimo, la ansiedad, modula nuestra conducta social. Qué gran maravilla todo lo que sucede sin darnos cuenta. Siempre ocurren cosas divinas en el interior.

3. Hacer ejercicios físicos es importante: unas caminatas al día tienen un poder relajante, nos hace sentir bien, fuertes, hasta más lindos y contentos con nosotros mismos. Esto no es vanidad ni pérdida de tiempo porque nadie puede dar lo que no tiene; o sea, «para amar al otro hay que amarse a uno mismo.»

4. Comer saludablemente es fundamental: uno es lo que come. Nadie en su buen uso de conciencia cargaría combustible de mal estado a su vehículo; es así también con el cuerpo. Mente sana en cuerpo sano. Algunos nacen con un don especial, casi nunca se enferman, pero no todos somos así. El cuidado de la comida es una acción espiritual. Por eso es que la misma Eucaristía es un acto de comida y bebida. Algo querrá decirnos aquí el Maestro de los maestros.

5. Dormirás lo suficiente: aprender a descansar, a desconectarse para recargar las baterías es de vital importancia. Jesús una vez invitó a sus discípulos para buscar un lugar tranquilo para descansar porque casi no tenían tiempo para comer. Así como es importante aprender a trabajar, a accionar, hay que crearse espacios para descansar y recuperar las fuerzas. Hay personas que no saben qué hacer en sus tiempos libres. Esto no es buen signo.

6. No dejar que ningún vicio te domine: hay muchas propuestas que pueden alejarnos de nuestra paz interior. Pequeños diosecillos de bolsillo que tratan de imponerse como señores de nuestras vidas. He aquí que el discernimiento personal es un arma eficaz para detectarlos a tiempo y poner en marcha la acción más correcta para evitar caer en sus redes.

7. Recuerda que vives con otros en el mundo: desde pequeños vivimos rodeados de personas. Nuestra familia, hermanos, compañeros de escuela, de juegos, etc. conforman una red de relaciones que nos permiten crecer en empatía, trabajo en equipo, ejercitamos la comprensión y aprendemos a reírnos de nuestras propias flaquezas y fragilidades. La relación social adecuada es una escuela de humanidad.

8. Tratarás bien a los demás: ante la tentación de pisotear la dignidad de los demás, es firme la sentencia bíblica: «no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti».

9. Harás al otro lo que te gustaría que hagan por ti: es la empatía en acción.

10. Recuerda que nuestra fe es encarnada. La fe nos introduce a una dimensión relacional. Si las buenas amistades con personas interesantes elevan nuestra cultura, imagínate la grandeza de relacionarse con Dios, el grande por excelencia. Más aún imagínate lo que implica ALIMENTARSE CON EL CUERPO Y LA SANGRE DE DIOS.