En el vasto lienzo de la vida, los matices son los pequeños detalles que delinean la complejidad de la obra, al igual que los tonos que dan forma a una pintura. Así como en el arte, nuestras experiencias cotidianas a menudo están teñidas de diversos matices, aunque a veces caigamos en la simplicidad de opiniones rápidas.

Recordemos la lección escolar: los tres colores primarios mezclados generan una gama variada, ampliada por el blanco y el negro. Sin embargo, hay verdades innegociables, como la muerte y resurrección de Jesús por nosotros. Una realidad que no admite matices ni explicaciones superfluas, simplemente «es así».

En la actualidad, ¿cómo hemos llegado a oscurecer la Verdad entre los matices de la opinión pública? ¿Nos hemos vuelto esclavos de la imagen y la aprobación social, olvidando nuestra llamada a proclamar una Verdad basada en la esperanza salvífica?

En estas semanas cuaresmales, los evangelios nos presentan a Jesús arriesgándose y siendo responsable de sus palabras y acciones. Interactuó con intocables y pecadores, enfrentando problemas y desafiando normas. Su vida sin matices llevó a la muerte, siendo la luz que experimentó la oscuridad más profunda por todos, incluso por ti. Este cuadro de Cuaresma nos invita a contemplar el matiz más crucial: la entrega total por amor.

Nubar Hamparzoumian, sj