Dice Javier Picaza: «En realidad, los ‘Magos’ son los niños». Son ellos quienes encarnan la magia de la vida de Dios, llevando consigo la esperanza en un mundo lleno de desafíos. La tradición antigua nos habla de figuras como Elifaz, Bildad y Sofar, los tres magos‒magas, y luego Melchor, Gaspar y Baltasar, nombres posteriores de los magos que visitaron al niño Jesús.

La magia persiste, y los niños son los guardianes de esa chispa divina que ilumina nuestros días. Su inocencia pícara salva a los adultos del aburrimiento que puede destruirlo todo.

Los Niños: Magos del Hogar

Que no se apague la magia, que no se apague la chispa. Los niños son portadores de pasión, alegría, risas y llantos fuertes. Son los verdaderos magos del hogar, regalándonos momentos llenos de asombro y emoción.

No son reyes guerreros que buscan conquistar países con drones de muerte. Su misión es diferente; vienen a ofrecer y expandir los dones de la vida. Traen consigo el oro que brilla, el incienso que perfuma y la mirra que fortalece y cura.

Rescatando la Inocencia Amenazada

Los niños, sabios en su simplicidad, no llegan para conquistar, sino para rescatar al niño perseguido. En un mundo que los acusa de intrusos y los etiqueta como malos emigrantes, estos pequeños héroes, siendo recién nacidos, enfrentan amenazas de muerte.

Es nuestra responsabilidad preservar esa magia, proteger la chispa de la inocencia. Aprendamos de los niños, los verdaderos magos, y permitamos que su luz ilumine nuestro camino en este mundo a menudo amenazado. Que nunca se apague la chispa de la magia que los niños traen consigo, recordándonos que, a pesar de los desafíos, la esperanza y la inocencia prevalecen