Querido amigo/a que próximamente vas a recibir el sacramento de la confirmación, permíteme hacer una reflexión contigo. ¿Ya te detuviste a pensar en todo lo que expresas con lo que llevas puesto? La ropa que elegís, ya sea por su estilo, su marca o sus símbolos, comunica mucho sobre quién sos y qué representas. Desde la remera/camiseta del colegio o la universidad hasta la cruz que llevas al cuello, cada detalle habla de tu identidad y tus valores.

Es natural que el ser humano busque formas de expresarse y dejar claro quién es. En las ciudades, los edificios están llenos de escudos, logos y símbolos que identifican su historia y pertenencia. Del mismo modo, en la juventud, esta necesidad de expresión se manifiesta con fuerza. Es un tiempo de búsqueda, de afirmar la propia identidad y de hacerse preguntas profundas sobre la vida y el propósito.

Si estás a punto de recibir la confirmación, es porque has reflexionado sobre tu relación con Dios y deseas afirmar tu fe de manera más consciente. Es posible que desees que este compromiso se note en tu vida. Sin embargo, en un mundo saturado de publicidad y donde lo más «importante» es la imagen, existe el riesgo de que la fe se convierta en una mera etiqueta, algo para mostrar pero sin verdadero significado.

La confirmación es mucho más que eso.

El rito de la unción con aceite, aunque casi invisible, representa tu elección y pertenencia a un cuerpo más amplio: la Iglesia. Este sacramento te marca de manera única e irrevocable, otorgándote el don del Espíritu Santo. No se trata de una marca superficial, sino de un compromiso profundo que transforma tu vida. Con la confirmación, expresas tu deseo de que el Espíritu de Dios guíe tus pasos y que sigas el ejemplo de Jesús cada día.

En resumen, la confirmación no es una marca que se quita y se pone cuando uno quiere, sino es un compromiso vitalicio. Te convierte en un testigo de la fe, en un miembro activo de la comunidad cristiana y en un seguidor de Jesús. Que este sacramento sea para ti un verdadero encuentro con la presencia viva de Dios en tu vida, y que te impulse a vivir con autenticidad y amor