Aunque no todos tengamos las voces de los grandes cantantes, todos llevamos dentro la capacidad de ser magníficos compositores. No es necesario medir las pulsaciones de nuestro corazón para llevar el ritmo de nuestra vida, solo necesitamos sentir la música que fluye a nuestro alrededor.

Imagina que somos los directores de la orquesta que es nuestra vida. Cada uno de nosotros es tanto compositor como intérprete, decidiendo qué instrumentos darán sonido a nuestra existencia, cuándo introducir silencios (que son sonoros en su propio derecho) y cómo modular la intensidad de nuestra propia melodía personal.

Algunos días nos sentiremos como despertadores estridentes, incapaces de contener la emoción. Otros días seremos grandes compositores, llenos de determinación y valentía. Pero recuerda, todo forma parte de tu propia melodía, de la normalidad que es la vida. Está diseñada para que puedas desafinar de vez en cuando, y eso está bien. La vida te dará innumerables oportunidades para practicar y mejorar, y no hay mejor afinador que la experiencia.

Lo esencial es no pasar por alto ningún sonido y evitar que la vida se convierta en ruido. Aunque no siempre tengamos el control sobre la tonalidad de las circunstancias o sobre todos los signos que adornan nuestra partitura, el secreto radica en no dejar de llevar nuestro propio ritmo y adaptar el «tempo» a las circunstancias. Habrá momentos que nos harán sonar como una balada melancólica, otros como el estruendo de un jarrón que se rompe, y otros como una ovación continua. Pero lo fundamental es no obviar ningún sonido y convertir la vida en melodía en lugar de ruido.

Proyectamos continuamente, incluso nuestros silencios tienen su propia melodía. Cuando expresamos nuestras ideas, hagámoslo con melodía. No busquemos ser la canción del verano, efímeros y olvidados. Busquemos, en cambio, sentirnos orgullosos de nosotros mismos, reconocernos como los protagonistas de nuestras propias vidas. Busquemos componer una melodía extensa, rica en matices, con un hilo musical que nos guíe hacia el progreso. Porque, al fin y al cabo, hemos venido a este mundo a crear nuestra propia banda sonora.