En medio de un mundo convulso y lleno de desafíos, la esperanza emerge como un faro de luz en la oscuridad, guiándonos hacia un futuro lleno de posibilidades. Este sentimiento de esperanza resonó poderosamente durante la reciente Bienal Católica 2024, donde se reunieron fieles de todo el departamento y me atrevo a decir que también del país para reflexionar, compartir y fortalecer su fe.

En estos tiempos turbulentos, es fácil sucumbir al pesimismo y la desesperación. Sin embargo, la Bienal Católica; en la Homilía de la Misa de Clausura presidida por Mons. Vincenzo Turturro, Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Francisco; nos recordó que la esperanza es un pilar fundamental de nuestra fe cristiana. Como dijo San Pablo en su carta a los Romanos: «La esperanza no defrauda» (Romanos 5:5). Esta verdad resonó en cada rincón de la bienal, infundiendo a los participantes con renovada energía y determinación.

Uno de los aspectos más inspiradores de la Bienal fue la comunidad de fe que se formó entre los asistentes, los servidores y equipos de trabajos. A pesar de las diferencias culturales y experiencias individuales que pudo existir, todos estábamos unidos por nuestra fe en Cristo para cumplir este gran sueño. Esta comunión de corazones y mentes nos recordó que no estamos solos en nuestro viaje espiritual; tenemos una familia global de hermanos y hermanas en la fe que nos apoyan y nos animan en nuestro camino.

Además, la Bienal Católica nos desafió a mirar más allá de nuestras propias preocupaciones y a comprometernos con la construcción de un mundo mejor. A través de talleres, charlas y actividades de servicio comunitario, los participantes fueron inspirados a llevar la esperanza a aquellos que más la necesitan, a ser portadores de luz en medio de la oscuridad.

Pero quizás lo más impactante de todo fue el recordatorio de que nuestra esperanza está arraigada en la promesa de Dios. A lo largo de la bienal, se nos recordó una y otra vez que, a pesar de los desafíos que enfrentamos, Dios está con nosotros, guiándonos y sosteniéndonos en cada paso del camino. Esta certeza nos llena de valor y nos impulsa a seguir adelante con confianza, sabiendo que, en última instancia, la esperanza no defrauda.

En resumen, la Bienal Católica 2024 fue un recordatorio poderoso de que la esperanza es el fundamento de nuestra fe. A través de la comunión, el servicio y la confianza en la promesa de Dios, podemos enfrentar el futuro con valentía y optimismo, sabiendo que la esperanza nunca nos defraudará.