Cuando Jesús nos dice: «A Ustedes les llamo AMIGOS», nos invita a algo más profundo que una simple relación. Nos llama a un encuentro íntimo que solo es posible a través de una comunión continua y perseverante: la oración. En este diálogo constante, nos encontramos con Jesús en nuestra propia intimidad, donde la amistad verdadera florece en la convivencia y en la práctica diaria de su enseñanza.

El amor de amistad es un lazo liberador y universal que trasciende convenciones sociales y etapas de la vida. Como un don divino, la amistad no surge de nuestra propia voluntad, sino que es iniciativa de Dios: «no me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros». Es así como nos hacemos conscientes de esta amistad en el transcurso del camino.

La amistad auténtica, lejos de ser exclusiva o posesiva, requiere un amor maduro que trasciende los deseos egoístas y individualistas. Es una escuela del amor que desde nuestra vulnerabilidad humana nos enseña a buscar el bien común y a compartir una causa que nos une. En el caso de la amistad con Jesús, esa causa es hacer visible el Reino de Dios en la tierra.

En la amistad no solo encontramos placer y admiración por el otro, sino también una misión compartida. Jesús nos invita no solo a conocerlo y amarlo, sino también a comprometernos con su causa. Él nos llama a apostar nuestra vida junto a él por el Reino de Dios. Solo aquellos que lo conocen verdaderamente pueden cumplir su mandato de amarnos mutuamente como él nos ha amado, demostrando así que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos».

Esta invitación de Jesús a la amistad íntima y comprometida trasciende todas las barreras y nos lleva a experimentar un amor que transforma, que une y que perdura más allá de cualquier circunstancia. Que esta reflexión nos impulse a profundizar en nuestra relación con Jesús, abriendo nuestros corazones a su amor y abrazando su llamado a ser verdaderos amigos y colaboradores en la obra del Reino.

En este mes de julio, celebramos la amistad, un vínculo especial que nos une a otros seres humanos de manera profunda y significativa. En el contexto espiritual, recordamos que Jesús nos llama amigos y nos invita a una relación de cercanía y compromiso que va más allá de cualquier otra amistad terrenal.

Para cuidar nuestra relación de amistad con Jesús, podemos considerar algunos tips prácticos:

  1. Oración Diaria: Establece un tiempo diario para la oración y el encuentro personal con Jesús. Es en la intimidad de la oración donde fortalecemos nuestra amistad con él.
  2. Lectura de la Palabra: Dedica tiempo a leer y meditar en las Escrituras. Es a través de la Palabra de Dios donde conocemos más a Jesús y comprendemos su voluntad para nuestras vidas.
  3. Participación en la Eucaristía: La celebración de la Misa nos une más estrechamente a Jesús. Participa activamente en la Eucaristía y recibe con fe su Cuerpo y Sangre.
  4. Vida de Gracia: Cultiva una vida de gracia participando en los sacramentos, especialmente en la reconciliación, para mantener un corazón limpio y abierto al amor de Jesús.
  5. Servicio y Caridad: Vive el amor de Jesús sirviendo a los demás y practicando la caridad en tu comunidad. La amistad con Jesús se fortalece cuando amamos y servimos a nuestros hermanos.
  6. Conversación Continua: Mantén una conversación continua con Jesús a lo largo del día, compartiéndole tus alegrías, preocupaciones y deseos. Él siempre está dispuesto a escucharte.

En este mes dedicado a la amistad, renovemos nuestro compromiso de cultivar una amistad verdadera con Jesús. Que nuestras acciones reflejen su amor y su gracia en nuestro mundo, haciendo visible el Reino de Dios entre nosotros. Que la amistad con Jesús sea fuente de consuelo, fuerza y esperanza en nuestra vida diaria.