La vida está llena de pequeños tesoros que a menudo pasan desapercibidos en medio de nuestras preocupaciones y rutinas diarias. En la película «Perfect Days» de Wim Wenders, se nos muestra la vida sencilla y feliz de un hombre que encuentra la alegría en las cosas más simples: limpiar wáteres en Tokio. Agradecido por el don sagrado de vivir cada día, encuentra paz y consuelo en las pequeñas alegrías que la vida le ofrece: respirar, ver la luz del sol, tener compañía humana.

Cuando hablamos de la resurrección, a menudo pensamos en grandes misterios y conceptos trascendentales. Sin embargo, podemos acercarnos a ella de una manera simple: la resurrección nos asegura que estamos destinados a una felicidad plena, y esa certeza se refleja en las pequeñas alegrías que experimentamos cada día. Cada pequeño disfrute es una prueba de la vida abundante que Jesús nos ofrece.

El mensaje de Jesús resucitado es claro: coloca en el fondo de tu alma aquello que te llene de la paz de Dios. Recuerda que todo lo que te deprima e inquiete es falso. Celebra con alegría su resurrección y descubre su presencia viva en los ojos y corazones de quienes te rodean.

Francisco de Asís, conocido por su profundo amor por la naturaleza y las cosas simples de la vida, encontró en esas pequeñas alegrías la prueba de su conexión con el resucitado. Su amor por el sol, la luna, el viento y las flores fue un reflejo de su amor por Jesús.

Vive esta Pascua en el gozo humilde y compartido de quienes reconocen las pequeñas alegrías como signos de la presencia de Jesús. Recuerda siempre: «Jesús vive para amarme».