El sustantivo entusiasmo procede del griego enthousiasmós, que viene a significar etimológicamente algo así como ‘rapto divino’ o ‘posesión divina’. En efecto, el sustantivo griego está formado sobre la preposición en y el sustantivo theós ‘dios’. La idea que hay detrás es que cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo es como sentir que Dios entra en nosotros y se sirve de nuestra persona para manifestarse, como les ocurría —creían los griegos— a los poetas, los profetas y los enamorados (Blog de lengua).

Dice el filósofo José Antonio Marina “Si tuviera que elegir un estado de ánimo perfecto, me costaría decidir entre la alegría y el entusiasmo. Esto me hace pensar que entre ambos tiene que existir algún lazo subterráneo. Entusiasmo exhibe una etimología impresionante: en-theós. Sentirse como si uno estuviera habitado por un dios. Es una experiencia de energía, de vitalidad, de plenitud.”

Tal vez esta sea una de las tareas más bellas y divinas que tenemos los lideres, coordinadores, asesores, guías espirituales, políticos: ENTUSIASMAR a nuestro pueblo, hacerle sentir que tienen a Dios dentro. Levantar el ánimo y hacerle sentir felices siendo antorchas vivas que vencen la oscuridad. El acto culmen donde se entusiasma al pueblo es en la Eucaristía, Dios entra en el ser de cada persona que comulga.

Todo ser humano desea ser tenido en cuenta; todos llevamos colgados al cuello un cartel invisible que dice: “Hazme sentir importante.” Esto lo comprendió muy bien el Nazareno, el “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hech 10, 38), Pablo de Tarso aprendió muy bien esto de su maestro y por eso repite siempre: “vence el mal con el bien” (Rom 12, 21). Ambos saben que hacer el bien transforma y despierta el corazón de la gente. Nadie se resiste al amor.

Jesús entusiasma haciendo el Bien. Nadie se resiste al ver sus ojos encendidos con la llama de la vida. Es difícil permanecer indiferente ante una mirada enamorada y enamorante. Este es el fuego que trae Jesús: saca de la apatía con su amor. Es imposible quedarse con los brazos cruzados cuando sientes que una potencia recorre tus venas. Es un combustible súper que no solo empuja, sino que hace volar.  Es como una descarga eléctrica que lo sacude todo.

El fuego que trae Jesús liberar de las ataduras, de todo lo que impide la marcha para correr la carrera de la vida como valiente atleta. Es un fuego purificador que quema la basura y aclara el camino. Las ataduras son: las excusas, el infantilismo, la inmadurez, la pereza, la falta de sueños, el egoísmo y las envidias.

Una vez liberado de las ataduras, es posible soñar con movernos. Y cuando sentimos  que el viento suave acariciar nuestro rostro, cuando vamos en movimiento, empezamos a querer compartir esta experiencia. Nos sentimos grandes y queremos que los otros también se sientan grandes e importantes. La grandeza de un hombre se revela en la grandeza que despierta en los demás que lo rodean.  Es quien hace sentir gigantes a sus amigos y conocidos de esta manera:

  • Elimina la crítica destructiva en sus discursos
  • Es accesible, no buscar discutir siempre. Usa el principio de la no resistencia, busca convenir rápidamente
  • Acepta el esfuerzo y el valor de la otra persona
  • Aprecia y reconoce al otro. Usa constantemente la palabra gracias, lo repite con todos.
  • Admira las virtudes de los demás.

El fuego que trae el Nazareno sigue ardiendo en los corazones de millones en este mundo. El tuyo y el mío en este día se incendiará con su llama que da vida nueva.