Uno puede ser el mejor entre pavos o ser último entre águilas ¿En qué grupo te gustaría estar? Es fácil sacar cinco en una escuela donde todos copian en los exámenes, pero es bien reñido lograr un tres en las escuelas de excelencia. Y la diferencia entre una y otra es abismal.

En la web circula este escrito realmente motivador:

“En una ocasión una persona me vio con los atuendos de alguna carrera y me preguntó en tono burlón…

– ¿A poco tú corres?

Le dije que sí

– ¿Y eres de los buenos o de los malos?

Soy de los buenos, le dije.

– ¿Ah sí? y ¿en qué lugar llegas?

He llegado Tercero, sexto, 30, 140, 640, 7,200… depende de la cantidad de personas que asistan a la carrera.

– Ufff… ¿entonces en qué lugar llegan los malos?

¡LOS MALOS NO LLEGAN NI A INSCRIBIRSE MI AMIGO!

Siempre habrá gente que crítica tu vida, tu trabajo, lo que haces, como lo haces, pero esas personas ni siquiera se atreven a hacer ni la mitad de lo que haces tú, no dejes NUNCA que los pensamientos negativos de los demás le quiten el valor a lo que haces y mucho menos permitas que opaquen tu brillo.

¡SIGUE ADELANTE SIEMPRE!

Es lo que el Nazareno dice: “Esfuércense”. El resto es cosa de Dios. Hay últimos que serán primeros, lo importante es entrar en carrera. San Pablo por su parte repite: “robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas vacilantes”. La clave está por tanto en ponerse las pilas y seguir adelante. Todo esfuerzo, toda disciplina produce frutos tarde o temprano.

Imagínense en cómo uno se va habituando a cosas que al inicio parecían imposibles; por ejemplo, estacionar un vehículo. Cuando estamos aprendiendo, lo más difícil es encontrar estacionamiento porque solo nos animamos a estacionar si encontramos un hueco tres veces más grande que nuestro móvil.  Luego uno puedo meterse en espacios justos sin mucho drama.

La cuestión es iniciar y ser perseverante en la decisión. No hay poder más poderoso que la atención y la disciplina. Apre-hendemos muchas cosas nuevas. Aquí está la diferencia entre los que triunfan y los que fracasan.

“Esfuérzate” “a quien tiene se le dará más”- dice Jesús. Y Él no miente. ¡Jamás!  En nuestro mismo ser hay leyes mentales que nos ayudarán a ir alto, a elevarnos como persona. Aquí te cito siete leyes que me han ayudado mucho en mi crecimiento:

  1. Ley del control: toma el control de tu vida, práctica para controla tus palabras, acciones, tus gestos. Todo depende de los hábitos buenos que vas adquiriendo.
  2. Ley del accidente: no todo es cuestión de suerte. No puedes vivir esperando que las olas muevan a su voluntad tu barca. Fallar en planear es planear fallar.
  3. La ley de causa y efecto: para cada efecto hay una causa. Es la ley de acero del universo. No puedes pretender cosas nuevas haciendo siempre lo mismo.
  4. La ley de la creencia: lo que ud. cree lo crea. Si cree que no puede, no puede; si cree que puede, tarde o temprano lo logrará. Elimine sus creencias autolimitantes. Elimine sus quejas.
  5. Ley de la expectativa: lo que se espera se consigue. Jesús dice: “quien busca encuentra”. Sea lo que sea que le suceda siga esperando que las cosas serán mejores.
  6. Ley de la atracción: somos un imán viviente. Se atraen a personas y cosas que armonizan con sus pensamientos dominantes. Osea, ud. atrae afuera lo que es por dentro.
  7. Ley de la correspondencia: como es dentro es afuera. Su mundo es un espejo. Nos vamos convirtiendo en aquello que pensamos.

El secreto está en este verbo: ESFORZARSE- De esto depende casi el 80% de nuestros logros. Y Dios bendice a sus hijos que se esfuerzan. Dios no abandona a las obras de sus manos. Y concluyo con esta frase de Gandhi: “El esfuerzo total es el triunfo total.”