✨ Muchas situaciones de cambio pueden vivirse con dificultad, por la necesidad que suponen de adaptación, a una nueva etapa. Incluso, cuando un cambio es positivo, como el conseguir un trabajo mejor, se puede vivir una crisis, por ponerse en juego la propia capacidad de adaptación, la autoestima, la seguridad, la flexibilidad psíquica, la capacidad para desempeñar la nueva tarea, etc. Otras transiciones normales de la vida también tienen su efecto “crítico”. Tanto la pubertad, como la “crisis de los 40”, la jubilación, o incluso, el irse acercando a la muerte, suponen la necesidad de superar diversas pruebas existenciales.

🔄 Muchos cambios de la vida nos plantean dificultades, especialmente en sociedades en las que no se prepara adecuadamente a las personas para ello, y se las tiene centradas en éxitos externos, apariencias, productividad, etc. y no en la toma de consciencia de la nueva etapa, como sucede en algunas culturas mediante ritos de paso, que preparan para la nueva etapa vital e incluso para la muerte.

La consecuencia de no ayudar a tomar consciencia de las transiciones y de no asumirlas, es que podemos quedarnos en un estado de infancia o de adolescencia permanentes. Aceptar las etapas y vivirlas a fondo, es una forma de vivir siempre en constante esperanza. 
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