Me gusta la gente que dialoga con profundidad, pero existen también personas que tratando de justificar lo injustificable, se lían con sus propias afirmaciones. Esto se verá hoy en esta reflexión. Como suceden en las películas, escena por escena, van desfilando personajes y ejecutándose acciones que se van hilando con un tejido complejo de ñanduti para llegar a un broche de oro del todo impactante. De ser un ciego abandonado a ser un gran predicador es el sendero que recorreremos este fin de semana.

Escena 1 – Dios no es ciego

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento: “pasar y ver” son dos verbos aplicados a Jesús al iniciar el Evangelio del día. Este primer movimiento revela la forma de ser del Nazareno, él se mueve y mira las necesidades de su gente, de su pueblo. Esta acción la Iglesia la realiza a través de la misión de llegar a las casas, orar con las familias, sentir sus sentimientos de alegría y dolor. Es contradictorio ser una Iglesia que no ve y pasa de largo. Esa no es una Iglesia.

Los discípulos: le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». Aquí san Juan hace una crítica a la teología antigua que creía que los hijos nacían enfermos a causa de los pecados de los padres. Jesús apunta hacia la responsabilidad personal, uno asume libremente el camino a seguir por más de que sus antecesores hayan tenido un estilo de vida pecaminoso.

Escena 2 – La obra de Dios y la respuesta del hombre

Acciones de Jesús: “escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego”. Atentos aquí_ hay una evocación al hombre primero, hecho de barro (Adán), el ciego es re- moldeado. El problema está en los ojos. Si Dios ve, el hombre no ve.

 «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado». Dice el Antiguo testamento que las aguas de Siloé «corren mansamente». Isaías compara la monarquía davídica con esas aguas y avisa que por haberla el pueblo desechado y buscado otras alianzas, vendría sobre ellos «aguas de ríos, impetuosas y muchas … [el] rey de Asiria» (Juan 7, 37). Con esto hay una clara invitación a volver al amor primero que da paz, a las mansas aguas. Si queremos ver, hay que volver a las fuentes de la paz.

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Hay cuatro verbos que llaman poderosamente la atención:

Acciones del ciego: Ir – lavarse- regresar – ver_ implican acción, movimiento de parte del ser humano libre. Pudo no irse, no lavarse, no regresar, no ver… Una acción o inacción lleva a una consecuencia lógica.  Así también sucede con nosotros, podemos no ir, no lavarnos, no obedecer… La consecuencia es clara.

Escena 3: vecinos-fariseos y padres

Los vecinos: opinaban: “Es el mismo o es otro”. No comprendieron bien lo que sucedía, y decían que era uno que se le parece«. El ciego decía: «Soy realmente yo». El ciego primero trata de explicar a sus vecinos lo que le ha sucedido; siempre empezamos a llamar la atención de nuestros vecinos cuando estamos empezando a ver. Surgen así en el barrio frases: ¿qué le sucedió a don fulano?

Los vecinos escuchan con atención al recientemente curado, quieren saber más sobre aquel hombre que cura. Ven que hay un cambio pero no logran entender bien lo que están viendo.

Fariseos: no aceptaban la evidencia, la sanación, la recuperación de aquel hombre. El odio y el orgullo aturdía sus corazones. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Hubo un tremendo debate, buscaban encontrar alguna contradicción en las palabras del hombre curado haciéndoles otra vez la misma pregunta. “Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta».

Sus padres: “los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta».

Escena 4- Con los ojos de la fe

El cierre magistral del ciego: «Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo». Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?». El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?».

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando». Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.

Hay un crecimiento progresivo: ciego-curado-habla de Jesús con sus vecinos-habla y enfrenta a los fariseos… Al final, como era de esperar, estaba listo para descubrir que aquel hombre curador no era un simple curandero, era el Cristo.

Que loca es la lógica de Dios- el ciego vio, los vecinos ven y confunden, los fariseos que parecían ver bien al final no ven nada. Los padres ven, pero permiten que se hijo se enfrente con su propia realidad y madure. Compleja la vida, No!?

Buen finde!

Pace e bene!

Aldo López