🤝🏻 La ayuda es la máxima expresión de la empatía. Es generosidad y humanidad. Es común que por amor hacia los demás estemos prestos para ayudarles y apoyarles cuando nos necesitan, y es un don maravilloso, cuando no nos excedemos.

Debe tener límites. Por una parte, porque habrá quien abuse de nuestra buena intención y por otra, porque también puede desviar la atención de nuestras propias necesidades.

Muchas personas tienen la tendencia sumamente arraigada de ser un auxiliar para casi cualquier persona que se atraviese en su camino. Son serviciales, amables, solidarios y creativos.

Estas personas tienen una especial intuición para adelantarse incluso a las necesidades ajenas y antes de ser solicitados ya se encuentran en acción, hoyando el camino para que los demás lo atraviesen sin tanto problema.

Sin embargo, también es importante recordar que para que en tu vida exista una bella sintonía de plenitud, necesitas tener bien afinadas las cuerdas de tu corazón, ya que por un lado, si eres demasiado preocupado por ayudar a los demás olvidándote de ti mismo, terminarás quemado.

Para este equilibrio me gustaría citar el cuento del sitar. Se trata de un músico que quería aprender meditación en muy poco tiempo y para ello meditaba día y noche, un día, Buda lo vio y le dijo: ‘Tú eres músico y tocas el sitar ¿verdad?’, ‘sí mi señor, contestó el hombre’.

Y Buda le dijo: ‘Si tus cuerdas están muy flojas o tensas, ¿sacas melodía?’, ‘no, mi señor’, dijo el hombre. A lo que el maestro le dijo: ‘Así mismo debes meditar, ir calibrando tu esfuerzo para que puedas fluir en tu práctica’. De la misma manera, ¿Cómo ayudas? ¿muy tenso o flojo?


Hay que entender que la paz mental de uno mismo es lo primero. Una vez esta es firme, se puede ayudar cuanto se quiera porque siempre daremos con ese limite. El límite de «si ayudarte a ti, me desestructura a mi, caeremos los dos. Por lo tanto, no habré ayudado a nadie»

Ayudar es un gran acto de amor ♥ 

¿Pero te ayudas a vos mismo/a primero?