? Cuando uno emigra, siempre hay espacio en el bolso para una estampita de algún santo o de la Virgen. Incluso, hasta el menos creyente se siente más seguro con una “oracioncita” en el bolsillo al cruzar el océano. Es así nuestra forma de ser. Salvo algunas excepciones.

?? El hombre es un ser estructuralmente religioso. Tenemos muchos símbolos y creencias que hacen parte de nuestras vidas. Pero no creemos en cualquier cosa, no somos tontos, aunque a veces hagamos cosas tontas.  Levantamos la mirada hacia realidades que nos dejan en profunda contemplación (Dios, muerte, vida eterna…) No solo queremos saber quién ganará la copa mundial o qué cocinaremos para navidad. Nos hacemos preguntas más difíciles como: ¿termina todo con la muerte? ¿Hay algo más allá? ¿Por qué sufre mucha gente buena?

Mientras que haya un niño que llega al mundo, un ser querido que parte a la eternidad, mientras que sigamos descubriendo que no podemos resolver todos los misterios del ser humano desde la ciencia o las matemáticas, allí, seguirá siempre abierta la ventana hacia el infinito, hacia el Adviento. Es decir: Alguien falta en mi vida ¿Quién es esta persona? ¿A caso será Dios?

¿Tienes algún signo religioso en tu auto, en tu pieza, sala?

¿Cuál es el rincón más espiritual de tu casa?