Cuando un actor se prepara para representar la vida de un personaje, no lo improvisa. Estudia todo por memorizado hasta los mínimo detalles. El toque mágico está en ponerse en el zapato, en la piel, respirar por sus pulmones, sentir como siente, llorar como llora… Apasionante. Aquí vamos con la Pasión de Cristo! Entremos en este misterio… Me acompañas?

REFLEXIÓN DE LA PASIÓN HOY_ Los protagonistas de la Pasión aquí y ahora

Los Evangelios constituyen un arquetipo y un adelanto de lo que ocurre en cada hombre hoy. Hombres y mujeres de la más variada condición protagonizan junto a Cristo la historia de la redención. Pero ellos están allí representándonos a nosotros. Hay en cada uno de ellos un retazo de nosotros mismos. En los hechos de la pasión de Jesús es donde encontramos mejor realizada es presencia anticipada de nosotros mismos. Cada personaje es un símbolo y un proverbio.

Si la pasión del Señor no fuera el relato más seguro históricamente de los evangelios, como los mismos críticos racionalistas reconocen; si no tradujera un calor tan real, uno creería hallarse ante una construcción alegórica, una inmensa parábola, el más grande sacramental de todos los tiempos. Está tan bien urdida, es tan completa, tan aleccionadora, tan ejemplar, tan precisa, tan redonda, tan definitiva… Dios debe haber hecho fondo su sabiduría y providencia para que intervinieran los personajes que intervinieron y para que los hechos ocurrieran como ocurrieron.

Los actores que se hicieron presentes en el pretorio o en el camino doloroso y que se ubicaron a uno u otro lado de la cruz de Cristo, configuran una gradación completa de las actitudes humanas frente al drama de la Redención.

Comencemos juntos este recorrido. Te invito a orar y mirar qué aspectos de tu vida tienen algo de alguno de estos personajes. Y a través de este camino descubrirás cómo vivir con más pasión la Pasión de Cristo.

Pilatos: es el prototipo de hombre cobarde y acomodaticio, que conoce la verdad, que la defiende, pero hasta tanto no se vuelva contra sí mismo: un personaje que tenemos muy metido en las entrañas y que emerge desde las profundidades cuando el beneficio, la ventaja económica se ven apeligradas por los criterios evangélicos. Nos lavamos las manos y nos desentendemos.

Herodes: en el hombre curioso, sensualmente curioso. Le gusta argüir en la vida de los demás. Mira todos los estados, revisa detalladamente las publicaciones de todo el mundo para manejar informaciones. No le importa profundizar en la vida de Jesús. Le encanta más el espectáculo que se genera a su alrededor, pero tira la pelota sobre las decisiones importantes: Que decida Pilatos. Representa a la religión de las fotos retocadas para conseguir me gusta en el “face”. Podemos ver también en él el símbolo de la “concupiscencia de los ojos”, esa ansia de ver, palpar, sentir y gozar, que es la disposición más opuesta al auténtico sentido de fe. Tendencia a la chisme y palabrerías.

Judas: figura tradicionalmente haciendo el peor papel del Evangelio. Satanás le hizo caer en tres tentaciones. 1. Un Jesús que multiplica monedas y panes. 2. Un Jesús superhéroe que hace cosas extraordinarias. 3. Un Jesús que se apoderara de todos los reinos de la tierra. Cuando vio que Jesús dejaba perder todas las oportunidades de obtener ventajas temporales, lo abandonó y lo vendió. Frente al drama desencadenado por la traición, recapacitó, se dolió y se arrepintió. Pero no traspaso el cerco de la angustia personal; no orientó su dolor hacia Cristo, se replegó y cayó en la desesperación y se suicidó.

Los sacerdotes y los fariseos: miniaturistas de la Ley, eternos rasgadores de vestiduras, representan la hipocresía y, además, el enceguecimiento y la obstinación. Son los que se aferran a su pecado y no se dejan salvar por Cristo. Pasan por la vida con un cuadernito para ver quien falló, lo apuntan y los juzgan como si fueran dioses. El rencor es constante en sus corazones, pero lo tapan con ritos religiosos externos. Se preocupan por cosas externas y se olvidan del amor.

Barrabas: es el hombre que sigue de cerca _materialmente_ el drama de la redención; más aún, es aquel por quien Cristo muere a cuenta personal, pero él ni se entera lo que está pasando. Son personas indiferentes ante el esfuerzo que el otro hace por ellas. Los Barrabas actuales podríamos comparar con aquellos jóvenes cuyos padres se mueren para darle todo y ellos se encierran en su mundo de NiNi. (ni trabaja ni estudia). O esas personas adultas que no mueven un dedo por la vida espiritual de su familia.

Los soldados y esbirros: se reparten los despojos de Jesús, quedan como Barrabás, al margen de drama de la Pasión, pero sacan ventajas del dolor y del esfuerzo ajeno. No prestan atención al dolor del prójimo, hacen otra cosa, juegan a los dados, por ejemplo; pero, en la hora de la repartija se ponen en primera fila.

El mal ladrón: creyó, en su materialismo, ver en Jesús una ocasión propicia para librarse del suplicio y de la muerte. Cristo le dio tan sólo la respuesta silenciosa del sufrimiento sereno y aceptado. El ladrón no quiso escuchar esa respuesta. La paciencia de Cristo le desesperó y así pasó a la historia como símbolo de despecho. Con el este ladrón podemos comparar quienes en sus momentos de dolor y sufrimiento se cierran en el rencor y la ira, sin dar sentido a su suplicio.

El ladrón arrepentido: es la parábola del hijo pródigo y de la oveja perdida que se convierten historia vivida y existida. Más aún: es el pecador arrepentido que, sin captarlo puntualmente, se ofrece a Cristo para ayudarle en su pasión redentora.

Malco: personifica al hombre común y corriente, pieza a menudo inconsciente del engranaje del mal, que no tiene culpa de su función y situación, a quien Dios le tiene en cuenta esa culpabilidad, y le deja caer en su amor, un signo de su gracia. Malco fue a quien Pedro le cortó la oreja.

Simón de Cirene: es el hombre llamado ocasionalmente a una vocación extraordinaria, que escala el Calvario arrastrando la cruz de Cristo, que cae de bruces junto a él, y asume toda la traza de quien va a ser ajusticiado con Cristo, contribuyendo con todo ello a la epopeya de la Redención. Es quien es capaz de ofrecer sus hombros, su esfuerzo sin necesidad de dar muchas vueltas ni pedir explicaciones. Ve que hay una necesidad donde él puede ayudar y ayuda con lo que puede y tiene: sus fuerzas.

El centurión: reconoció que Jesús era Hijo de Dios, es prototipo de quienes, movidos por la gracia, abren su corazón a la verdad. Representan a quienes dan un giro en sus vidas al estar atentos ante los sucesos de le rodean. Dios puede hablarnos de muchas maneras cuando estamos atentos a la realidad.

Pedro: es el arquetipo evangélico de mayor densidad significativa ¿Qué hace Pedro? O Mejor, ¿qué no hace? Pedro pregunta, manda, interrumpe, se jacta, se acobarda, niega, llora. Habla bajo la inspiración de Dios y también a instigación del diablo. Es piedra de la Iglesia y piedra de escándalo. Saca la espada para cortar orejas enemigas y se desmorona ante una criada. Hace, en fin, todos los papeles del santo y todos los del pecador.

Juan: el discípulo que permanece con Cristo hasta el final, es el prototipo del preservado, objeto de predilección por parte de Dios, en quien hay que saber respetar y admirar los dones del Cielo. Hay que agradecer porque nos manda personas como Juan, capaces de estar firmes sin desplomarse ante la escena más dolorosa como la crucifixión. Su permanencia, incluso en el dolor, nos abre un camino espiritual.

María: de pie, enhiesta como una llama bajo los cielos agonizantes, abrazada a la cruz donde cuelga el “fruto bendito” de su vientre, es la Madre universal de los hombres que, anegada en la tortura de un gran alumbramiento espiritual, cumple con su misión personal de engendrarnos a la vida de los hijos de Dios, es l fiel servidora de Dios la Primera cumplidora del Evangelio.

¿Y nosotros? Por desgracia, frente a Cristo, hacemos alternativamente el papel de Pilato, el de Pedro, el de Herodes, el de Caifás, a veces el del ladrón arrepentido o el de Simón de Cirene. Cristo permanece siempre idéntico a sí mismo. Pero nosotros, bien lo amamos, bien los traicionamos, hoy lo ayudamos a llevar la cruz y mañana ayudamos a los soldados a clavarlo en ella. Evidentemente, nuestra tarea, nuestra humilde tarea, en una vida que es un tejido de conversiones y desconversiones, es ir destruyendo progresiva pero enérgicamente cuanto hay en nosotros de Caifás, de Judas y de Pilatos, y acrecentando cuanto podamos tener de Cireneo, Juan o María.

Que tengas una semana santa de mucha oración y de discernimiento.

“Venzamos al mal con la fuerza del bien”

soy un buscador, un sediento de eternidad.

Si ves a un loco pasar con sandalias

con bastón en manos y 12 hombres con Él.

seguidle las huellas, cuentan maravillas de Él.

Cuentan que en el bolsillo de su vieja capa

yace un mapa antiguo que muestra el Camino

Ese sendero que conduce a la felicidad.

Lic. Aldo López- Comunicador – Lic. en Ciencia Pastorales Cura párroco -Un peregrino.